Los oficios de Nueva YorkPor Jennifer Edwards Se dice, y con razón, que Nueva York es una mezcla viviente de las etnias, las costumbres, los idiomas y las religiones del mundo entero. De todos los rincones del continente, y de todos los continentes, millares de personas emigran a Nueva York en busca de {supervivencia} económica o de su primer millón de dólares, en procura del estrellato o del anonimato, para absorber la energía rebosante de la ciudad o para recluirse en un ático diminuto a escribir su primera novela... o su octava novela inédita. En Nueva York las perspectivas y los logros de cada cual guardan una relación muy estrecha con el ingenio que se sepa {desplegar}. Es precisamente el ingenio lo que permite, aún en tiempos de prosperidad económica, crear oportunidades donde parecía no haber ninguna, e incluso satisfacer una necesidad que la gente aún no se había {enterado} que tenía. Nueva York está repleta de personas creativas, en todas las actividades y en todos los campos, que al utilizar su ingenio han inventado nuevos oficios o nuevas maneras de abordar sus oficios, más a la medida de Nueva York y de los neoyorquinos. Hay que pensar por ejemplo en aquellos individuos jóvenes, o no tan jóvenes, que brotan en la calle como por arte de magia cuando llueve y rápidamente se apuestan a la salida del metro, en las {esquinas} o junto a las puertas giratorias de los edificios con una variada y multicolor oferta de paraguas. Es lo que podríamos llamar empresarios "oportunos" Porque su puntualidad es asombrosa: en cuanto las primeras gotas de lluvia caen sobre las aceras de Manhattan están ellos listos para protegerte de un resfriado o para evitar que se arruine un peinado que pudo haber costado una fortuna en un exclusivo salón de belleza. ". ¿Pero cómo saben que va a llover? ¿Cuál es su secreto? Un chaparrón puede implicar también un cambio repentino de planes. Habrá que buscar un taxi en lugar de caminar, por ejemplo, o recoger el abrigo en la lavandería, hacer reservas para comer fuera en vez de salir a trotar, y después llamar una baby sitter que se encargue de los niños. A menos que la persona en cuestión pertenezca al vasto número de los neoyorquinos que reciben ingresos mensuales en cifras con muchos ceros. Los neoyorquinos con asistentes personales generalmente no viajan en metro, como la gran mayoría de habitantes de la ciudad y las zonas suburbanas. Cientos de miles de personas viajan diariamente a sus trabajos en Manhatan desde el otro lado del río, ya sea Queens, Brooklyn o New Jersey. No debe sorprendernos entonces que durante las horas punta los trenes se encuentren atestados. ¿Entonces por qué no contratar a un "cuantificador" del metro? ¿Alguien cuyo oficio consista en decidir cuántas personas, realísticamente, caben en un vagón? La Autoridad Metropolitana de Tránsito -MTA- cuenta con decenas de miles de empleados que se ocupan desde la conducción de los trenes hasta la reparación de las vías, la venta de tiquetes y la supervisión de las estaciones. Pero sin duda uno de los oficios más particulares, y arriesgados, es este de los "cuantificadores": las personas que se interponen entre las puertas del vagón y la {horda} de pasajeros que se dispone a abalanzarse en un vagón ya repleto. Capítulo aparte merece uno de los oficios más tradicionales de Nueva York: el de portero. En una ciudad donde la gran mayoría de los habitantes vive en edificios de apartamentos, el oficio es uno de los más populares. Y polifacéticos: Además de anunciar a los visitantes, mantener {alejados} a los intrusos y velar por la seguridad del edificio, un portero en esta ciudad se encarga también de distribuir el correo, recibir los numerosos paquetes que reciben diariamente los neoyorquinos, {mantener} limpia la acera frente al edificio, y quizás lo más importante para los inquilinos: conseguir velozmente un taxi cuando con más urgencia se necesita.
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